miércoles, 7 de enero de 2015
Nada número dos.
Me desbordaste los sentidos. Lo que pasa es que disimulaba muy bien lo de tener el corazón tan rojo, pero lo cierto es que comenzó a hacerse de plastilina. Y claro, yo no sabía si tus ojos... pero los míos te pedían cada día que no estabas; y debo de tener un día tonto porque me dicen al oído que te siguen pidiendo. ¿Cómo pueden hablarme mis ojos antes que mi boca? ¿Cómo pueden evocarte dos pupilas en el cruce de cada calle? ¿Cómo soy capaz de llevar la cuenta de los pasos que doy hasta encontrarte? Mis ojos hacen vudús para tenerte delante. No sabes lo que me apetece decirte que te echo de menos. No paro de repetírmelo, de repetírtelo. Te echo de menos tanto, que ni te conozco.
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