Tiene un láser verde que atraviesa la capa de ozono y caza estrellas, un corazón, que caza mariposas y las enjaula en mi estómago y mira que me abro las costillas para que salgan pero nada.
¿Sabes? me moría por mirarte a los ojos y decirte:
¡Me duelen los labios de besarte!
pero no pude porque no llegué a besarte tanto como para poder decírtelo me quedé con la ganas, así que sí, ahora me muero por besarte el infinito, infinitamente.
No tengo un nudo en la garganta, tengo el corazón anudado.
Las sábanas blancas, tus locas ideas de sacarme un beso como un as debajo de la manga, ilusionista cuando quieres, caótica cuando me quieres más y no te atreves, ahora soy yo el ilusionista que te saca una sonrisa del sombrero, que venga Van Gogh a pintar esta noche estrellada, que esta sonrisa contigo es una loa a la vida, pero tú tienes los pelos de punta gracias a mí y no hace frío.
Ahora, que estoy en mi sofá tirado llega a mi el recuerdo de tí preguntándome, “¿cómo te sientes? después de tirarte a no sé cuántas, flacas, gordas, con tetas de goma espuma o más duras que el plomo, sobre tu lomo, queriendo ser el protagonista, como si ser mujeriego tuviera el sentido que tiene el amor, como si te atrevieras a tirarte a cualquiera. ¿Cuántas mujeres más para sentirte más vacío?”
Me haces daño regalándote y acordándote diciendo que yo sí podía llenarte y ellos no. Traicionaste a tu utopía, no te creías ni tu propio amor, qué poca esperanza te dabas, menos que Noah en la película.
La vida te dio patadas y te acostumbraste tú luego a darlas, dármelas, dárselas al arsenal de besos que traía felicidad. Éramos mejor separados que juntos, jugamos la partida sin tirar los dados y ganamos, dos luciérnagas buscándose en la noche, besándonos en el capó de mi coche.
Y yo puedo seguir volando con mi weed, pero la maría no me va a regalar tu presencia real sino tu pura ausencia, no confundas imaginación con esencia.
¡Vamónos a Ámsterdam!
Pasteles con surprise, besitos de marihuana en la Plaza Dam,
cuánto junkie y cuánto arte, vámonos a escalar la Torre Eiffel, que nos pinten en Montmartre, que nos llamen bohemios, vamos a ahogarnos en Venecia, y se burlen de nuestra elocuencia.
¿Te acuerdas de la peli? Quiéreme si te atreves, pues ellos se atrevieron muchas mas veces que nosotros y murieron juntos, lo que pasa es que no nos atrevemos a querernos porque sabemos que tenemos el poder de destruirnos.
Seguiré viviendo a expensas de chicas que colecciono en la despensa del amor placebo, que quiero a una que otra y las otras las esquivo.
Si tu estado anímico es depresivo crees que puedes excusarte, ¿verdad?
No quiero seguir buscando comprensión con la líbido, que luego sé que el corazón me cobrará las deudas. Todo eso se quedó grabado y de eso no salimos porque nos gustó demasiado tenernos, y fluímos separados pero desembocamos en el mismo río, como peces muertos.
Qué jodido fue perdernos..